domingo, 5 de agosto de 2012

SERMÓN

Apostado de rodillas, sobre la fría banca de esta iglesia, mis manos orantes imploran la redención. Solo ante Dios pido misericordia por una vida llena de nubes y sombras. El pórtico principal abre sus puertas y un haz de luz se introduce hasta el altar. Murmullo de voces, rumor de ropas y taconear de zapatos nuevos oscilan por la acústica mural de este templo de llanto y gozo. Sigo con mi dura genuflexión sobre la madera obviando la gente que empieza a rodearme. De golpe el silencio se instala entre el público asistente. Elevo la vista y sobre el púlpito aparece una figura mayestática, solemne, radiante, pura. No es el capellán de siempre. ¿Qué está pasando aquí?. ¿Por qué esa barba blanca que me ciega?. ¿Estaré viendo a Dios?. Inicia su arenga, empieza su sermón. Su voz cala mis huesos y me hace llorar. Los presentes se postran sin remisión a la fuerza vibrante de aquellas palabras y la paz llena nuestros corazones. Soy feliz y estoy pleno. Lloro y vació mi inmundicia. Arrepentimiento.

jueves, 19 de julio de 2012

PLAYA

Playa del olvido llévame donde el dolor no exista, empújame con tu pleamar a tu abismo para no recordar jamás la rabia que me envuelve cada día. Quiero que el sol abrase mi cerebro y así olvidarme de todo el daño que he hecho. Mis pies se hunden en la arena, ojalá fueran arenas movedizas para así fundirme y formar parte de la Tierra inmensa e inabarcable. Algas, conchas, medusas. Me voy a hacer un sudario para navegar infinitamente por el océano y ser mártir de la vergüenza y del odio que la gente siente por mí. Flotaré sobre el horizonte como un espejismo hasta chocar contra el fin del mundo. Mi carne putrefacta alimentará alimañas marinas, carroñeros que saborearán mis pecados. Soy la Muerte que cada día se lleva miles de personas y hoy he tomado la decisión de morir, sí, morir en esta playa desierta. Ahora, humanos, vagaréis por siempre jamás en este mundo que se hunde día a día. Bienvenidos a la inmortalidad...y al sufrimiento absoluto. RIP.

miércoles, 27 de junio de 2012

CARICIA

Cuarenta años de mi vida solo, un ermitaño en medio de la ciudad, ni una sola caricia. Mi piel se ha vuelto insensible, mis poros no se excitan ante el contacto de la ropa, mis dedos inertes son incapaces de tocarme. No tolero el roce de nadie. Mi vello solo se eriza con tan solo pensarlo. Quizás la ayuda de alguien me hubiera servido pero mi cuerpo es inane cuando visualizo aquellos abusos de la infancia. Mi onanismo es mi placer y mi cárcel, la pornografía mi ventana al sexo, el viento de la calle mi única caricia. Me encierro en mi cárcel de marfil para evitar un estrechado de manos, un abrazo, un beso amistoso. Creen que soy raro pero nadie entiende mi repulsa. ¿Tengo que ir con un panegírico en mi frente?. Quien me quiera que no se acerque, quien me aprecie que no intente besarme, necesito el recogimiento de mi propia dermis. No acepto la esponja de la ducha, apenas mi mano. Cuarenta años sin contacto pero soy feliz. 

jueves, 21 de junio de 2012

EUFORIA

Bello, poderoso, esencial, omnipotente, magnífico salgo a la calle con paso seguro. La velocidad de mi alma genera un haz de luz en mi campo visual, un hormigueo constante recorre mis órganos, soy pura felicidad. Necesito ser feliz mientras la gente admira mi gallardía, mi mente está en otra dimensión, mi ropa sobrevuela el viento primaveral. Estoy eufórico, pleno de vida, repleto de placer. Sonriente giro mi cabeza hacia la derecha y localizo un sobre en mi mano. No sé porque lo llevo encima... Noto un sudor frío por mi espalda, sintomatología de que el miedo se ha apoderado de mi cuerpo. Freno en seco. Una mujer azarosa se golpea contra mi y me insulta. Mi serotonina se ha cuajado de pronto. Me siento en un frío banco de piedra y entre la nubosidad de mis ojos extraigo un papel macilento y analítico. De nuevo el antidepresivo me ha jugado una mala pasada. Ahora escucho la voz del doctor, atronadora, recordándome mi corto plazo de vida. Una lágrima cae sobre los indicativos tumorales. No tengo fuerzas para levantarme, soy la muerte.

sábado, 9 de junio de 2012

PÁNICO

Noto las frías cadenas que envuelven mi cuerpo. Desnudo, sentado sobre mis heces y mis orines, entreveo la luz por una ventana de cristales polvorientos. Dejadme solo con mis heridas y mis gritos. No soporto más las lesiones en mi piel ni que mi cuerpo se resquebraje más. Pan y agua en un rincón mientras enormes cucarachas juegan entre mis pantorrillas. Imagino paisajes verdes y cielos añiles entre pájaros de dulces trinos...Un golpe seco, frío, al fondo del habitáculo. No, ¡por favor!. Otra vez no. Hoy ya son dos veces. Veo sombras bajo el soportal de hierro. La cerradura chirría como un cerdo degollado mientras mis manos tiemblan. Una blanca luz recorta el cuerpo imponente de una bestia inmunda que se acerca con su pestilente olor a alcohol. Se acerca mientras ensayo una sonrisa mellada y dócil para que el dolor sea menor. No hay piedad. El golpe en mi cara es sublime, directo. Me da la vuelta. Oigo una hebilla. Grito. Un fuego lacerante rompe mi interior. Sequedad, jadeos, noto  un hilo de saliva en mi espalda. Pierdo el sentido. Espero no despertar más. Quiero morir.

lunes, 28 de mayo de 2012

VERANO

Un nuevo sol dibuja líneas en mi cara. Enarco las cejas para recibir su energía mientras diminutas motas de polvo danzan ante mis ojos. El cielo raso y el tañido de las cigarras acompañan el balanceo de mi hamaca que baila al ritmo de los veloces abejorros. A lo lejos oigo el rumor del mar lánguido, plácido, sereno. Mi lengua recorre mis labios y noto el mar en ellos, salinas que se depositan en mi piel bronceada, esa mancha oscura del verano que desaparecerá con lo palidez otoñal de los tormentas. Una esponjosa nube juega con el sol al escondite mientras mi torso sudoroso agradece la sombra amable en plena canícula. Me abandono al sueño de la siesta mientras una novela frugal resbala de mi mano. Me sumerjo en un mundo azul, lleno de belleza y sonrisas, palmeras de postal y combinados espectaculares. Embarcaciones surcan horizontes infinitos mientras, apostado en la orilla del mar, la fina arena blanca me acaricia. No quiero más inviernos, solo quiero verano.

lunes, 9 de abril de 2012

SILENCIO

Encerrado, aislado, mudo. Solo cuatro paredes blancas e inmaculadas son testimonio de mi silencio absoluto, genuino, abisal. Acolchado en un mundo de algodones prefabricados sobre muros sin cantos, no hay salida para el momento final. Perdí el habla, desconecté del espacio-tiempo, no hay comunicación. Pronunciaba, decía, declamaba y nadie me escuchaba. Sandeces persicopédicas regeneradoras de sensaciones auditivas perdidas en los ecos de mi vida. Hace un año que decidí entumecer mi lengua y dejarla pegada al paladar. Mis palabras sinceras hirieron a quienes más quería. La gente no quiere escuchar verdades solo fantasías animadas y voces celestiales. Mi locuacidad me llevó a la soledad más pura e infinita. El silencio formó parte de la banda sonora de cada día hasta que empecé a oír voces que me hacían reír desbocadamente, graciosas, ágiles. Estuve riendo dos días sin parar hasta que conecté de nuevo con mi celda. Tras un portazo de hierro y cerradura me di cuenta que nada sería igual. Pertenecía al rango perturbado de los seres solitarios y silenciosos que no entienden la compañía. Parece que de nuevo oigo algo. Sí, es mi mejor amigo. El silencio.