martes, 1 de noviembre de 2011

PADRE

Los años me llevan a olvidar tu rostro, pero mi mente lucha por recordar tus ojos grises. Envuelto en la alegría del día a día del trabajo, con las únicas ilusiones del sacrificio paternal como meta y esa lucha diaria por llevar una casa rota... Recuerdo los olores del campo, del espliego y el romero, cuando tu día festivo lo dedicabas cogido de mi mano a pasear entre moras y caracoles, almendras y espárragos. Qué poco te conocí y cuanto tiempo le diste a ese ente llamado trabajo. Cuántos sentimientos encerrados en ese cuerpo gracioso, sensible y preparado para recibir los embites de la vida. Los años pasaron y tu corazón se fue marchitando. Una isquemia. Dicen que solo lo tienen aquellos que alojan un gran corazón y de tan grande que se hace en el pecho, desfallece. No fue un proceso fácil: los ahogos, el cansancio, las escaleras. Intenté quitarte esa roca pero no pude. Me dijiste hasta luego en aquella sala de pruebas y nunca más pude contemplar tus ojos, te dejaste ir y me dejaste aquí, con una pena honda en el alma. Pero quiero decirte, que te quiero con toda mi alma y que algún día te daré el abrazo que no pude darte. Dejadme que diga la palabra padre por última vez. Padre. Papá.

miércoles, 26 de octubre de 2011

PIEDRA

Testimonio silente de rutas míticas acompañadas de cuádrigas veloces tiradas por corceles embravecidos por el viento que acompaña sus crines. Reductos de expolios y destrucciones de batallas excelsas, inmensas guerras creadoras de despojos. Caricias fluviales que redondean cantos que de tanto rodar se han convertido en polvo. Presencias misteriosas en desiertos ignotos caídas de erosiones múltiples en forma de vendaval nocturno. Almohadillados románicos acogedores de fieles y místicos que en sus genuflexiones han notado la frialdad pétrea. Texturas cinceladas por maestros artesanos para decorar edificios monumentales, vestigios de cultos y rituales báquicos y panatenaicos. Restos de culturas que siembran ruinas contempladas por ojos inexpertos. Placer rocoso de cuarzos brillantes, piritas plateadas y amatistas violáceas. ¿Quién dice que una piedra no siente?. Solo tu presencia causa respeto y yo te recojo para venerarte, oh resquicio milenario, y así contemplar toda tu inmensidad.

domingo, 16 de octubre de 2011

FAMA

Entre somníferos y vahos de champán francés despierto aturdido. Una sábana de raso cubre mi cuerpo desnudo pero exfoliado por las lociones revitalizantes de la fama. Arrastro mi cuerpo hasta el cuarto de baño para ver si mi sigue cincelado y se sostiene un día más para hacer mi papel de galán. Cuarenta años es la vejez para el éxito y estoy a punto de cruzar la barrera. Aún no he hecho el papel de mi vida pero quizás lo consiga. Tomo mi vaso de whisky matinal y un Lexatin para soportar una nueva presentación pública. Desde la ventana del hotel veo a miles de seguidoras histriónicas que corean mi nombre. No voy a ducharme. Si alguna de ellas se acerca a besarme que se de cuenta que soy humano. Me introduzco en mi traje de marca sin ropa interior entre trago y trago, me atuso el pelo y me pongo mis gafas de ocultamiento. Estoy preparado para recibir la marabunta... ¿y si bajo en pantuflas?. ¿Crearé estilo?. No, te debes a tu asqueroso público. Elijo unos Gucci. Banales. Apoyo la mano en el pomo de la puerta, ensayo mi mejor sonrisa, respiro hondo. Adelante. Los flases me ciegan. Bienvenido al mundo de la fama.

lunes, 3 de octubre de 2011

OLVIDO

¡Cúantos años vividos de felicidad y alegrías concebidas entre aromas caseros y vainillas flambeadas!. ¡Cómo eran aquellos abrazos desinteresados y aquellos besos sonoros que ocupaban toda mi cara!. Los años se han llevado el cariño puro, eterno, redentor de la madre. La seguridad de que nunca faltará ese apoyo necesario para superar cada día, el fragor de esa colonia almizcleña y demudada que me recuerda a ti, los consejos inolvidables que asustaban mi corazón cada vez que cruzaba una calle. Y todo ese poder, ese vínculo madre-hijo, inolvidable en el pensamiento, se rompe en mi alma. Los años han pasado y los sentimientos se fragmentan cada vez que recuerdo aquella cama de hospital, aquella última gran sonrisa cuando te llevé una rosa, aquellos besos temerosos envueltos de incontinencia y fiebre. No puedo acordarme de los buenos momentos, esos los voy olvidando y viene a mi mente el aviso tardío hospitalario para darte mi último beso recíproco y llenarte la cara del aliento de la vida. Un grito desgarra mi interior porque te está olvidando y no quiero que sea así. Sólo olvido y duele.

martes, 27 de septiembre de 2011

TEMPLO

El sol languidece entre tus grandes columnas, testimonio de celebraciones y piras funerarias. Un bosque hipóstilo de sensaciones en forma de éntasis que recorre la cela de las deidades, espacio infranqueable por el vulgo y agasajado por cariátides sustentadoras y pléyades virginales. Dioses terroríficos de poder olímpico destructores de humanos entregados a la devoción y a los placeres terrenales. Metopas, triglifos, entablamentos. Decoraciones hercúleas de sacrificios y procesiones de dioses en carros tirados por majestuosos caballos de pelo ondulado, escorzos de héroes tocados con plúmbeas corazas sobre apolíneos cuerpos desnudos. Cánones estudiados sobre falsas perspectivas desordenadas de dramáticas consecuencias escultóricas. Vasijas decantadas en su ubicación con figuras rojas etéreas y llenas de ropajes húmedos al son de la lira. Arcaicos seres mitológicos que sobrevuelan nuestras mentes humanistas y que se reflejan con su grandeza en el templo griego, paradigma de la perfección clásica, espacio perfecto de sacrificio, compendio de leyes de gravedad. Me apoyo en uno de tus fustes y noto el latir de los siglos por tus acanaladuras como la savia de un árbol milenario. Yo también quiero ser templo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

MASTURBACIÓN

Un río de sensaciones recorren mi espina dorsal rematadas en una explosión que me hace perder la noción del tiempo y del espacio. Con la cabeza apoyada en la tosca pared noto la presencia de algo viscoso en mi mano. No me atrevo a mirar. Quizás me esté muriendo y nadie está a mi alrededor para consolarme. Mi pene late desaforado al compás de mi corazón ya fláccido sobre mis dedos. Abro los ojos y me doy cuenta de que sigo vivo, relajado, entumecido, feliz. No creo que esto sea la muerte, simplemente es otro estado que no acabo de comprender. Nadie me ha explicado que significa esta nueva experiencia. Es posible que un niño de diez años no tenga derecho a saber más de la vida porque aún no soy mayor. Un buen amigo me explicó un día que notaba una quemazón y que acariciándose y agitándo su miembro se le pasaba, pero no me explicó que había un final pletórico y triunfador. ¿Que será este líquido blanco?. ¿Es posible que se haya roto algo dentro de mí?. Creo que no, porque cada vez me encuentro mejor y... ha brotado cuando he pensando en ella. Tendré que preguntar a esa chica si le pasa lo mismo que a mí y si fuera así, podríamos compartir este juego. Seguro que esto es lo que los mayores llaman sexo. Y lo que acabo de hacer, ¿cómo se llamará?...

sábado, 17 de septiembre de 2011

SALIDA

Perdido entre los pasillos de un laberinto a medio camino entre la ciudad y la vida, engullido por el enjambre de personas que corren por hormigueros en busca del pan de cada día, sigo empeñado en buscar una salida. Mi traje está arrugado, mi camisa está ajada y mi corbata torcida. Mi barba roza la solapa de mi chaqueta y mis uñas parecen salidas de una tumba. Aprisionado en el metro espero a que se abra una puerta, un escape al agobio matutino de los antihigiénicos, de la humedad del ambiente, de las colonias baratas. En cada parada sube más gente y el respirar se hace imposible. El olor acre de un viejo desconocedor del gel de baño inunda el vagón. No puedo más. Llegamos a la estación y arrambo con toda una legión de urbanitas que me miran con la mala cara de los cívicos. Consigo salir y veo ante mí un largo pasillo. Mis cervicales crujen por la tensión y doy mis primeros pasos en dirección a un mundo nuevo. Los fluorescentes me acompañan en este viaje final, mis pies caminan veloces bajando escaleras, mis pulmones se quejan por el vaho de los arcenes, mi boca describe su rictus final cuando piso la vía. Una sacudida envuelve mi cuerpo mientras hago equilibrios por la catenaria. Al fondo veo una luz. Será una salida. Mi cuerpo huele a quemado. La luz se acerca. Pitido final.