martes, 13 de septiembre de 2011

DIOS

¡Si existes y salvaste a tu hijo, sálvalo también a él!.¡Si creaste el mundo y al hombre, ayúdame a curarle, porque cada día que pasa mi alma se rasga y sus jirones pesan tanto!.¡Si eres Dios, haz el milagro de la curación y llévame a mí como prenda de tanto dolor!. Tu castigo sobre el hombre ha sido infinito, tus caminos hacia la enfermedad son inescrutables y los inocentes reciben tu maldición. Si es tan solo un niño, si no ha amado aún, si su cuerpo no se ha desarrollado. ¿Qué pecado ha realizado esta alma cándida que se consume en esta cama de hospital entre falsas expectativas en forma de sonrisa agria mientras sus células mueren devoradas por el cáncer?. Yo he sido un sucio pecador, he fornicado, he castigado, he pegado, he mentido...insufla en mi cuerpo todas las plagas que inventaste en su momento y llevame al peor de los infiernos para siempre jamás, pero a mi hijo sálvalo. No existes. No tienes compasión. Eres un falso icono para decorar las almas perdidas. Salva a todas las criaturas que no tienen culpa de nada. Háblame. No oigo nada. ¡Contéstame!. Veo que no vas a hacer nada. Para que sirve el crucifijo que hay en esta cama. Lo descuelgo. El gota a gota sigue su curso. Beso su frente caliente. No creo que pase de hoy. Buenas noches, hijo mío, y hasta mañana... si DIOS quiere.

jueves, 8 de septiembre de 2011

ÁLBUM

La portada de un libro avejentado de tapas duras y elegantes orlas se abre ante mis ojos dando paso a una vida oscura, insulsa, llena de flaquedades y sinsentidos. Mis ojos grises, decaídos por las arrugas del tiempo, contemplan ese arcaico álbum de fotos de presencias volátiles y familiares inexistentes que juegan en el limbo de las almas al escondite. Fotografías ajadas, pegadas con celo, remendones de jornadas placenteras, con esa pátina sepia que decora los recuerdos lejanos. Playas de arenas ocres, montañas de solariega presencia, calles empedradas por los carruajes de siglos. Papá. Mamá. Soledad en mi alma cada vez que paso una hoja, lágrimas lánguidas y cansadas de tanto llorar por los que ya no están. Dejo el libro y los recuerdos de nuevo en ese estante polvoriento que nunca han limpiado mis manos manchadas. Un trueno retumba en la ciudad. Las trazas del atardecer se mezclan con las amenazantes nubes que expulsan una furiosa lluvia sucia que mancha mi jardín y mis miedos. Dentro de poco yo seré una nueva sombra en este álbum, pero nadie me podrá contemplar porque estoy solo y la podredumbre se llevará los fototipos y negativos de los ausentes.

lunes, 22 de agosto de 2011

HÁBITO

Con todos los sentimientos caídos a mis pies y enfangada mi alma, resurge en mí la luz perdida de infinitos fracasos cotidianos. El egoísmo de los míos, los amores perdidos, el odio de la sociedad han convertido mi casa en una celda. Desnudo en ella, con la simple compañía de un gorrión peregrino y el tornasol de las ventanas del bloque de enfrente, retomo un nuevo día a la espera de la inspiración. Un rayo protector que entre en mi cubículo frío y redentor, entre actos de contricción y salmodias que surgen de mis labios con la fuerza de un volcán. Siento misericordia de mi cuerpo cada vez más apergaminado y necesito cubrirlo como demostración de mi pudor y mi entrega al infinito. De saco y con soga de esparto recojo entre asperezas mi hábito. Levanto mis brazos para que recubra mi cuerpo entre rozaduras y eczemas. Lija que suaviza mis dudas y mis quebrantos. Cubierto con él me siento fuerte y para aseverar mi convicción recubro mi cintura con la cuerda que algún día utilizaré para mi propia horca. Solo me falta la fe. Cuando llegue quizás sea tarde, pero mientras voy a descansar. Dormición. Espero.

jueves, 11 de agosto de 2011

ABRAZO

No puedo recordarlo bien. Mi hipotálamo siente algo lejano. Solo sé que nadie me ha abrazado como tú. Los años han endurecido mi piel con el dolor de la muerte. Cuando me tocabas mi piel se erizaba, pero desde tu último abrazo, nadie más lo ha hecho. Guardé tu última caricia para mí y no la compartí con nadie más. La vida me ha llevado a una soledad yerma de orgasmos secos e impotencias, porque tú ya no podías tocarme. No sé si ahora podré de nuevo notar tu cuerpo entre mis brazos. La luz se ha apagado. Silencio. Más silencio. Como en un tren de alta velocidad asciendo, me elevo de manera tumultuosa para recibir toda la fuerza de la vida. Y al final estás tú, sonriendo, mágico, esplendoroso, con los brazos abiertos. Soy todo fuerza, soy feliz. Caigo entre tus brazos y mi alma explota en un mundo de colores, una sinfonía de sentidos. ¡Cuanto echaba de menos tu abrazo!. Nadie nos separará, ¿verdad?. Estaremos abrazados en la eternidad, para siempre, amor.

sábado, 6 de agosto de 2011

VACACIONES

Tragín de maletas por los pasillos. Emociones a flor de piel entre cremas solares. Búsqueda imparable de la paz multitudinaria. Ha llegado el verano y los días vacacionales envuelven imaginaciones paradisíacas y huídas hacia la felicidad. El reloj de la oficina implacable retarda el paso de las horas mientras los primeros sudores presagian playas límpidas y palmeras de diseño. Las paredes grises se tornan cielos azules y despejados entre parajes perdidos. Falta poco para pasear tranquilamente, sin mirar el tiempo, tomando refrescos y helados bajo las sombras de los árboles. Olores exóticas y miradas cómplices entre el cúmulo mortal del asueto. Es seis de agosto, sábado, hora de la siesta. Me he dormido encima de mi mesa de trabajo. Menos mal que el vigilante está de vacaciones. He soñado algo... Otro año más. No tengo vacaciones. Aquí no existen. Levantarse, caminar, comer, trabajar, cenar y dormir. Una rutina que llevo desde hacer cinco años. Me quedan cinco más. Me levanto y miro por la ventana de barrotes el cielo raso de plena canícula. Algún día haré vacaciones. Mientras tanto, reclusión.

miércoles, 3 de agosto de 2011

VIOLETA

Azul y rojo se mezclan en una sinfonía de matices en el atardecer de nuestras vidas. Cogidos de la mano, paseando por la playa del adiós y entre refulgencias del sol mortecino, contemplo tu mirada. Extraños ojos violetas, copia exacta de bellas actrices hollywoodienses, que el tiempo han hecho decaer entre arrugas y patas de gallo. Nos sentamos entre caracolas y piedras de tonos liláceos cinceladas por el mar en su romper impertérrito en la costa. En tu solapa luce una violeta imperial, evocadora de operetas y cantos de contratenor, que deja su aroma cada vez que beso tu mejilla fría y suave. Quizás sea mi último paseo contigo, amor. Mis pasos son cada vez más lentos y penosos porque mi corazón enfermo no bombea con fuerza. Mi corazón violeta, mis pies hinchados, mi alma triste. Voy a estirarme sobre la arena a tu lado, estoy un poco mareado. Miro mis dedos a contraluz y las puntas son como cardenales: ya no me llega el oxígeno al cerebro y empiezo a olvidar cosas. Reposa en mi hombro, cariño, que quiero dormir un ratito. Oigo el mar, ahora ya casi marengo, mientras noto como algo se rompe en mi pecho. No hay dolor, no hay llanto, solo paz. Mi último suspiro. Te quiero.

viernes, 29 de julio de 2011

CARTÓN

El cielo nocturno cae un día más sobre mí. El rocío moja las calles, las hojas de los árboles y ese cartón ajado y mustio que soporta cada noche mi cuerpo. Un cuerpo antaño bello, musculado, elaborado con un metódico cincel de rutinas aeróbicas controladas. Ahora, una capa de suciedad recubre todas sus partes porque no soy nadie. Un jirón en medio de la ciudad, un saco al que golpear en plena borrachera adolescente, un bulto sin acuse de recibo. Aterido de frío y humedad paso cada día envuelto en papel de diario que no leo porque ya no estoy en la sociedad. Una botella de vino químico acompaña mis desdichas y mis penas que arrebatan cada día más neuronas a mi cerebro. Apenas puedo articular una palabra, tengo la lengua embotada. Fui brillante, querido, obsequiado y admirado. Fui el dios en el Olimpo de las finanzas y de los tiburones vestidos de corbata. Lo tuve todo y a la vez nada: era vacuo. Vivía de cara a la galería mientras mi interior se vaciaba como una muñeca hinchable rota. Pero un buen día perdí mi casa, mi coche y mi alma en un renuncio de soberbia, mientras las drogas se estaban aposentando en mi espíritu. Caí en los infiernos fríos de la noche madrileña y sigo recogiendo las auroras que cada mañana acompañan mis esputos. ¿Alguien puede darme un cartón nuevo?.